miércoles, 2 de mayo de 2012

Reflexión gelatiniana nº2


Hay una delgada línea que separa hablar de algo y no hacerlo de nada, muchas veces sin hablar de nada se dice mucho y otras hablando mucho no se dice nada. De este curioso limbo partía gelatina para decir “la palabra es inmediata pero el gesto es conciso”. Para hablar de pocas cosas se ponía Gelatina sería, aunque adoraba el discurso dramático, pensaba que siempre tenía que ser adornado, adornado de locuras y sin razón.
Ella hablaba demasiado, pero la perturbaban los que ella denominaba  “callados”, envidiaba esa cualidad que difícilmente ella lograría tener. Parecían distraídos, inteligentes e interesantes, ella imaginaba sus labios sellados, guardando siempre importantes secretos. Ellos tenían el poder, escuchaban de todos, lo que de ellos nunca sabremos.
Ese atrayente halo misterioso del silencio la obsesionaba. Las personas que hablan se vacían mientras ellos se llenan, ¿pero llenarse tanto sería bueno? ¿Algún día les explotaría el cerebro? ¿Algún día se excitarían con una conversación? ¿Tal vez en alguna ocasión, intentarían liberar sus apolilladas lenguas y estas ya no funcionarían? Gelatina planteaba una última pregunta, si el uso crea el órgano y la inoperancia lo atrofia, ¿estos interesantes callados podrían realizar correctamente sexo oral?


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